Como ya muchos sabéis, estudio filosofía en la Universidad Complutense y, obviamente, los libros de autores, son la base de nuestra pirámide de conocimiento. Por esta razón, que en un principio puede resultar banal para aquel que no esté acostumbrado a leer autores no conocidos, quiero conceder un papel relevante a esos autores que, por culpa de la tradición, hemos desterrado a un estado en el que sólo existen “los conocidos” y autores como ellos quedan en un segundo plano. Probablemente a Milan Kundera le conozcan un reducido número de lectores que formamos este blog (yo me incluyo como lector), pero os aseguro que no os arrepentiréis de leer a este profesor y escritor checo.
Ciertamente como escritor de novela es muy complicado de seguir y de leer, pero como ensayista es simplemente magnífico. Por ello os dejo aquí un fragmento de un ensayo suyo del año 1986 y que se titula:

“EL ARTE DE LA NOVELA” y más concretamente la Primera parte: “La desprestigiada herencia de Cervantes”.

“Don Quijote partió hacia un mundo que se abría ampliamente ante él. Podía entrar en él con entera libertad y regresar a casa cuando lo deseara. Las primeras novelas europeas son viajes por el mundo, que parece ilimitado. El comienzo de “Jaques el fatalista” de Diderot sorprende a los dos protagonistas en medio del camino; se desconoce de dónde vienen ni adónde van. Se encuentran en un tiempo en que no hay principio ni fin, en un espacio que no conoce fronteras, en una Europa para la cual el porvenir nunca se puede acabar.

Medio siglo después de Diderot, en la obra de Balzac, el horizonte lejano ha desaparecido como un paisaje detrás de esas construcciones modernas que son las instituciones sociales: la policía, la justitica, el mundo de las finanzas y del crimen, el ejército, el Estado. El tiempo de Balzac ya no conoce la feliz ociosidad de Cervantes o Diderot. Se había embarcado ya en el tren que llamamos Historia. Es fácil subirse a él, pero es difícil apearse. Sin embargo, este tren aún no tiene nada de espantoso, incluso tiene encanto; promete aventuras a todos los pasajeros y con ellas el bastón de mariscal.

Más tarde aún, para Emma Bovary, el horizonte se estrecha hasta tal punto que parece un cerco. Las aventuras se encuentran al otro lado y la nostalgia es insoportable. En el aburrimiento de la cotidianidad, adquieren importancia sueños y ensoñaciones. El infinito perdido del mundo exterior es reemplazado por lo infinito del alma. La gran ilusión de la unicidad irreemplazable del individuo, una de las más bellas ilusiones europeas, se desvanece.

Pero el sueño sobre lo infinito del alma pierde su magia en el momento en que la Historia, o lo que ha quedado de ella, fuerza sobrehumana de una sociedad omnipotente, se apodera del hombre. Ya no le promete el bastón del mariscal, apenas le promete un puesto de agrimensor (el que mide áreas y superficies). Un hombre ya no puede soñar como en su tiempo soñaba Emma Bovary, la trampa de la situación es demasiado terrible y absorbe como un aspirador todos sus pensamientos: sólo puede pensar en su proceso, en su puesto de agrimensor. Lo infinito del alma, si lo tiene, ha pasado a ser un apéndice casi inútil del hombre.

El camino de la novela se dibuja como una historia paralela de la Edad Moderna. Si me doy la vuelta para abarcarlo con la mirada, se me antoja extrañamente corto y cerrado. ¿No es el propio Don Quijote quien, después de tres siglos de viaje, vuelve a su aldea transformado en agrimensor? Se había ido, antaño, a elegir sus aventuras, y ahora, en esa aldea bajo el castillo ya no tiene elección, la aventura le es ordenada: un desdichado contencioso con la administración derivado de un error en su expediente. Después de tres siglos, ¿ qué ha ocurrido pues con la aventura, ese primer gran tema de la novela? ¿acaso ha pasado a ser su propia parodia? ¿qué significa esto? ¿que el camino de la novela se cierra con una paradoja?”

AMOR Y PENSAMIENTO, MATY…

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