La semana pasada ya os introduje mínimamente el concepto “escepticismo” y como podréis imaginar va en contra de todos los juicios establecidos. No para de preguntar, no deja de cuestionar el mundo y por encima de todo no cae en dogmatismos.

Francisco Sánchez fue uno de esos primeros escépticos que se comenzó a plantear el modo de conocimiento antiguo. A este gran escritor lo situamos a mediados del siglo XVI y principios del XVII, siendo un gran pilar de la filosofía posterior. Su obra es estudiada como un texto de iniciación para entender mejor eso que llamamos filosofía “moderna”.

Sin más os dejo aquí una parte del prólogo a su obra titulada

“Quod nihil scitur” (Que nada se sabe):

    “Es innato al hombre querer saber; a pocos les fue concedido saber querer; a menos, saber. Y a mí no me cupo suerte distinta a la de los demás. Desde la infancia, entregado a la contemplación de la Naturaleza, indagaba todo minuciosamente. Y aunque al principio el ávido deseo de saber se contentara de alguna manera con cualquier alimento que se le ofreciese, poco tiempo después, sin embargo, fue presa de indigestión y empezó a vomitar todo. Ya entonces buscaba yo qué podría darle que no sólo lo recibiese bien, sino incluso que le aprovechara del todo, pero nadie había que colmara mi deseo. Daba vueltas a los dichos de los antiguos, tanteaba el sentir de los presentes: respondían lo mismo; mas, que me diera satisfacción, absolutamente nada.

    Ciertas sombras de verdad confieso que me ofrecían algunos, pero no encontré a ninguno que manifestase sincera y absolutamente lo que se ha de juzgar de las cosas. En consecuencia, retorné a mí mismo, y poniendo todo en duda como si nadie hubiera dicho nada jamás, comencé a examinar las cosas mismas, que es el verdadero saber. Analizaba hasta alcanzar los principios últimos. Haciendo de ello el inicio de la contemplación, cuanto más pienso más dudo; nada puedo abarcar perfectamente. Desespero. Pero persisto. Más aún. Acudo a los doctores para requerir de ellos ávidamente la verdad. Y ellos ¿qué? Cada uno se construye una ciencia a partir de fantasías, bien ajenas, bien propias. De ésta infieren otras, y de éstas a su vez otras, sin tomar en consideración para nada a las cosas, hasta desarrollar un laberinto de palabras sin fundamento alguno de verdad. A partir de ello, en definitiva, no vas a entender las cosas naturales, sino que vas a aprender una maraña de nuevas cosas y ficciones que no hay mente capaz de entender. Pues ¿quién va a entender lo que no existe?”

AMOR Y PENSAMIENTO, MATY…

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