Category: Poemas


Siempre me ha parecido que el tema de la muerte nos resulta incómodo, tabú podríamos llegar a afirmar. Hoy reflexionemos un poco sobre la cuestión de mano de uno de los grandes personajes literarios españoles: Gustavo Adolfo Bécquer.

Este me parece un poema digno de leerse una y otra vez. Debemos preguntarnos a nosotros mismos de qué tenemos miedo, ¿de la muerte o del miedo a estar solos? Pensadlo por un momento. A veces se llegan a conclusiones sorprendentes. La mía es que tenemos miedo a estar solos, a no tener a nadie a nuestro lado en el momento final.

Mi hermano de alma me dice muchas veces que tenemos a Dios y es realmente interesante ver la tranquilidad de su corazón sabiendo esto. ¿Vosotros qué opináis?

Amor y Pensamiento, Maty…

"CERRARON SUS OJOS" - BÉCQUER


    “Cerraron sus ojos,
    que aún tenía abiertos;
    taparon su cara
    con un blanco lienzo,
    y unos sollozando,
    y otros en silencio,
    de la triste alcoba
    todos se salieron.

    La luz, que en un vaso
    ardía en el suelo,
    al muro arrojaba
    la sombra del lecho,
    y entre aquella sombre
    veíase a intervalos
    dibujarse rígida
    la forma del cuerpo.

    Despertaba el día,
    y a su albor primero,
    con sus mil ruïdos
    despertaba el pueblo.
    Ante aquel contraste
    de vida y misterios,
    de luz y tinieblas,
    medité un momento:
    ¡Dios mío, que solos
    se quedan los muertos!

    De la casa, en hombros,
    lleváronla al templo,
    y en una capilla
    dejaron el féretro.
    Allí rodearon
    sus pálidos restos
    De amarillas velas
    Y de páños negros.

    Al dar de las ánimas
    el toque postrero,
    acabó una vieja
    sus últimos rezos;
    cruzó la ancha nave,
    las puertas gimieron
    y el santo recinto
    quedóse desierto.

    De un reloj se oía
    compasado el péndulo,
    y de algunos cirios
    el chisporroteo.
    Tan medroso y triste,
    tan oscuro y yerto
    todo se encontraba,
    que pensé un momento:
    ¡Dios mío, que solos
    se quedan los muertos!

    De la alta campana
    la lengua de hierro
    le dio volteando
    su adiós lastimero.
    El luto en las ropas,
    amigos y deudos
    cruzaron en fila
    formando cortejo.

    Del último asilo,
    oscuro y estrecho,
    abrió la piqueta
    el nicho a un extremo.
    Allí la acostaron,
    tapiáronla luego,
    y con un saludo
    despidióse el duelo.

    La piqueta al hombro,
    el sepulturero,
    cantando entre dientes,
    se perdió a lo lejos.
    La noche se entraba,
    Reinaba el silencio;
    Perdido en las sombras,
    Medité un momento:
    ¡Dios mío, qué solos
    se quedan los muertos!

    En las largas noches
    del helado invierno,
    cuando las maderas
    crujir hace el viento
    y azota los vidiros
    el fuerte aguacero,
    de la pobre niña
    a solas me acuerdo.

    Allí cae la lluvia
    Con un son eterno;
    Allí la combate
    El soplo del cierzo;
    Del húmedo muro
    Tendida en el hueco,
    ¡acaso de frío
    se hielan sus huesos!

    ¿Vuelve el polvo al polvo?
    ¿Vuela el alma al cielo?
    ¿Todo es vil materia,
    podredumbre y cieno?
    ¡No sé; pero hay algo
    que explicar no puedo,
    que al par nos infunde
    repugnacia y duelo,
    al dejar tan tristes,
    tan solos los muertos!”

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Genial aportación de Jeannie Nitro al blog, nos la puso la semana pasada después de la entrada del “Alba”. Aquí os dejo esta de Pablo Neruda y que se titula “Oda a la Cebolla”. Es increíble como algo tan vulgar puede transformarse en una expresión de belleza y pasión.

      Cebolla,
      luminosa redoma,
      pétalo a pétalo
      se formó tu hermosura,
      escamas de cristal te acrecentaron
      y en el secreto de la tierra oscura
      se redondeó tu vientre de rocío.
      Bajo la tierra
      fue el milagro
      y cuando apareció
      tu torpe tallo verde,
      y nacieron
      tus hojas como espadas en el huerto,
      la tierra acumuló su poderío
      mostrando tu desnuda transparencia,
      y como en Afrodita el mar remoto
      duplicó la magnolia
      levantando sus senos,
      la tierra
      así te hizo,
      cebolla,
      clara como un planeta,
      y destinada
      a relucir,
      constelación constante,
      redonda rosa de agua,
      sobre
      la mesa
      de las pobres gentes.

      Generosa
      deshaces
      tu globo de frescura
      en la consumación
      ferviente de la olla,
      y el jirón de cristal
      al calor encendido del aceite
      se transforma en rizada pluma de oro.

      También recordaré cómo fecunda
      tu influencia el amor de la ensalada,
      y parece que el cielo contribuye
      dándole fina forma de granizo
      a celebrar tu claridad picada
      sobre los hemisferios del tomate.
      Pero al alcance
      de las manos del pueblo,
      regada con aceite,
      espolvoreada
      con un poco de sal,
      matas el hambre
      del jornalero en el duro camino.
      Estrella de los pobres,
      hada madrina
      envuelta
      en delicado
      papel, sales del suelo,
      eterna, intacta, pura
      como semilla de astro,
      y al cortarte
      el cuchillo en la cocina
      sube la única lágrima
      sin pena.
      Nos hiciste llorar sin afligirnos.
      Yo cuanto existe celebré, cebolla,
      pero para mí eres
      más hermosa que un ave
      de plumas cegadoras,
      eres para mis ojos
      globo celeste, copa de platino,
      baile inmóvil
      de anémona nevada
      y vive la fragancia de la tierra
      en tu naturaleza cristalina.

AMOR Y PENSAMIENTO, MATY…

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